El viaje espiritual es complicado. Pero la entrega y la confianza nos acercan más a Dios, dice Karin Hadadan. Asimismo, Rebecca Simons Conoce a Dios todos los días. Ayude a los lectores a escuchar a Dios en medio de las tormentas de la vida. Lea a continuación para encontrar claridad en el caos.
El viaje espiritual se describe a menudo como un cojín de meditación. Momento de Iluminación Paz que irradia constantemente Pero en realidad es mucho más ocupado. No es como un río tranquilo. Pero es más como una licuadora. Los momentos de claridad se arremolinan con dudas. La felicidad que choca con el miedo y el progreso sólo llega después del colapso.
La verdad es que caminar con Dios no significa escapar del caos. Significa aprender a navegarlo.
Un error importante es creer que una vez que la oración es respondida (cuando llega la bendición), el trabajo está terminado. La gente espera que la llegada de los sueños signifique relajación, estabilidad y flujo continuo. Pero muchas veces sucede lo contrario. Cuando se ve la bendición, el corazón se alegra, pero el corazón resiste. De repente, el apego aparece: apego a un resultado, línea de tiempo o forma de desarrollarse específico. Y cuando la vida no refleja el guión de la mente, las tensiones se acumulaban.
Sin embargo, el corazón funciona a diferentes frecuencias. El corazón ya sabe cuál es la verdad. Tiene sus raíces en la eternidad y no está limitada por el miedo, el tiempo o la lógica. En cambio, la mente remueve cada vieja historia: Es demasiado difícil, se está escapando. No soy suficiente. Busca en el pasado. Recuperar patrones y creencias que se pretendía enterrar. Este conflicto (entre conocer una mente estable y el caos de la mente) es la esencia del viaje espiritual.
Durante esos momentos, muchas personas esperan respuestas, señales, lecturas, citas y consejos de amigos. Pero no importa cuán inteligentes sean, tampoco pueden reemplazar la voz de Dios en su interior. La sabiduría externa puede mostrar el camino. Pero no pudieron calmar la tormenta. Sólo la paz, la oración y la entrega pueden lograrlo.
Y rendirse es la parte más difícil. Ahora parece más fácil controlar, editar y necesita claridad. Pero el camino espiritual pide algo más profundo: ¿Puedes confiar cuando no puedes ver? ¿Lo soltarás cuando quieras atraparlo? ¿Dejarás que el plan de Dios sea suficiente?

La belleza de la licuadora es que nos da acceso a la verdad. Nos humilla cuando creemos que hemos “llegado” y nos obliga a recordar que no somos Dios. Somos su creación. Nuestro papel no es controlar lo que se revela. Es vivir, jugar, notar la alegría en las pequeñas cosas, quedarse con lo que ya es.
El regalo de viajar es Cada hilo termina con un recuerdo. Cada duda te devuelve a la confianza. Cada caída te enseña a levantarte. Y a medida que pasa el tiempo empiezas a ver que nada se desperdicia. No es confusión, espera, ni siquiera caos.
El viaje espiritual no se trata de escapar del ajetreo y el bullicio. Se trata de encontrar a Dios en el medio. Y en ese espacio recuerdas: todo está bien. siempre ha sido y siempre será














