La preeclampsia es una de las complicaciones más graves del embarazo. Esto sucede cuando una mujer con preeclampsia, una condición caracterizada por presión arterial peligrosamente alta durante el embarazo, tiene convulsiones. En los sistemas de salud con recursos suficientes, la preeclampsia suele detectarse tempranamente y tratarse mucho antes de que aparezcan los ataques. Pero en muchas partes de Nigeria, especialmente en las comunidades rurales del norte, las mujeres a menudo no llegan a los hospitales hasta que comienzan los calambres. Para entonces, la enfermedad ya había llegado a su fase más peligrosa. Nigeria tiene una de las cargas de mortalidad materna más altas del mundo y los trastornos hipertensivos del embarazo siguen estando entre las principales causas. La tragedia es que la mayoría de los casos se pueden prevenir.

El patrón detrás de los pacientes

Después de ver tantos casos, comienza a surgir un patrón preocupante. Muchas mujeres que padecen preeclampsia son:

  • joven
  • Vive su primer embarazo
  • De comunidades rurales
  • Sin atención prenatal

Sus historias revelan una verdad más profunda: la preeclampsia no es sólo una condición médica. También es un reflejo de las desigualdades sociales, las brechas en el sistema de salud y las oportunidades perdidas de prevención.

Cuando la atención prenatal nunca ocurre

La defensa más eficaz contra la preeclampsia es la atención prenatal de rutina. Pruebas sencillas, como la medición de la presión arterial y los análisis de orina, pueden detectar la preeclampsia en forma temprana. Con un seguimiento y tratamiento adecuados, a menudo se pueden prevenir las convulsiones. Sin embargo, para muchas mujeres de las zonas rurales del norte de Nigeria, la atención prenatal está lejos de ser una rutina. Algunas mujeres asisten sólo una vez durante el embarazo. Muchos no asisten en absoluto. Otros llegan al hospital sólo después de que comienzan las convulsiones. Para entonces, la ventana de la prevención ya se ha cerrado.

La distancia puede ser fatal

En muchas comunidades rurales, el hospital más cercano capaz de atender emergencias obstétricas puede estar a varias horas de distancia. El transporte suele ser poco fiable o caro. Las familias deben conseguir un coche, combustible y dinero para el viaje antes de buscar patrocinio. Los expertos en salud pública describen este problema en términos de los tres retrasos que contribuyen a las muertes maternas:

  • Retraso en la toma de decisiones para buscar atención
  • Retraso en llegar al centro de salud.
  • Retraso en recibir el tratamiento adecuado.

Para las mujeres con preeclampsia, este retraso puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Matrimonio precoz y embarazo adolescente

El norte de Nigeria también tiene altas tasas de matrimonio precoz y embarazo adolescente. Las madres jóvenes, especialmente aquellas que experimentan su primer embarazo, son biológicamente más vulnerables a trastornos hipertensivos como la preeclampsia. Muchas mujeres inician el embarazo sin el conocimiento adecuado de las señales de advertencia como:

  • dolor de cabeza constante
  • Visión borrosa
  • Hinchazón severa de la cara o las manos.
  • Dolor en la parte superior del abdomen.

Los síntomas que requieren atención médica urgente a menudo se pasan por alto como un inconveniente normal durante el embarazo.

Cuando la entrega a domicilio se vuelve riesgosa

En muchas comunidades rurales, los partos todavía tienen lugar en casa bajo la supervisión de parteras tradicionales. Estas parteras suelen brindar apoyo emocional y cultural, pero pueden carecer de las herramientas para detectar la preeclampsia. Puede haber:

  • No hay dispositivos para medir la presión arterial.
  • No hay tiras reactivas para orina.
  • Sin medicamentos de emergencia

Una convulsión puede ser el primer indicio de que algo anda mal.

Tratamiento que puede salvar una vida

Cuando la preeclampsia se reconoce rápidamente, el tratamiento puede ser notablemente eficaz. Uno de los medicamentos más importantes utilizados en todo el mundo es el sulfato de magnesio, que detiene las convulsiones y previene su recurrencia. Se debe controlar la presión arterial, estabilizar a la madre y dar a luz al bebé. El parto, ya sea vaginal o por cesárea de emergencia, es en última instancia el único tratamiento definitivo. Pero estas intervenciones dependen de un factor crítico: el acceso oportuno a la atención.

La prevención es mucho más sencilla que el tratamiento.

La frustrante verdad sobre la preeclampsia es que es mucho más fácil prevenir que tratar sus complicaciones. Las estrategias de prevención efectivas incluyen:

  • Visitas prenatales tempranas y periódicas.
  • Monitoreo de rutina de la presión arterial durante el embarazo.
  • Suplementación de calcio en poblaciones de baja nutrición.
  • Aspirina profiláctica en dosis bajas para madres en riesgo
  • Educar a la comunidad sobre los síntomas de advertencia.

Estas intervenciones son simples, asequibles y efectivas. Sin embargo, muchas mujeres nunca se benefician de ello.

Brecha de conciencia

En algunas sociedades, las convulsiones durante el embarazo pueden atribuirse a causas espirituales más que a complicaciones médicas. Esta creencia puede retrasar la atención de urgencia. Por lo tanto, mejorar la salud materna requiere algo más que intervenciones hospitalarias. La educación debe alcanzar:

  • Comunidades rurales
  • Líderes religiosos
  • Parteras tradicionales
  • Maridos y tomadores de decisiones familiares

Porque en muchas familias la mujer embarazada no toma sola la decisión de buscar atención.

Todavía podemos salvar a las madres.

La joven que llegó convulsionando esa noche sobrevivió. Después de recibir sulfato de magnesio y atención de emergencia, sus convulsiones cesaron. Horas más tarde dio a luz a su bebé. Pero no todas las historias terminan así. Muchas madres nunca llegan al hospital. Muchos bebés nunca respiran por primera vez. La medicina me ha enseñado muchas cosas, pero quizás la lección más difícil sea darme cuenta de cuánta tragedia no es causada únicamente por la enfermedad, sino por los sistemas que la rodean. La preeclampsia ya no debería matar personas en el siglo XXI. El conocimiento necesario para prevenir estas muertes ya existe. Hay medicamentos disponibles. Existen protocolos de tratamiento. Lo que queda es el compromiso de garantizar que el lugar donde vive una mujer no determine si sobrevivirá o no a un embarazo. Como médicos, estamos capacitados para tratar enfermedades. Pero en lugares como la Nigeria rural, a menudo nos enfrentamos a algo mucho más grande que la medicina. A menudo, el verdadero diagnóstico no es sólo la preeclampsia, sino también la pobreza, la distancia, la falta de acceso y un sistema de salud que lucha por llegar a las mujeres que más lo necesitan.

Mansour Awal Sani Médico en Nigeria.


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