CABO CAÑAVERAL, Florida – La NASA impulsó su cohete luna nueva en un prueba definitiva de éxito o fracaso lunes, con la esperanza de enviar astronautas en un vuelo lunar el próximo fin de semana.
El equipo de lanzamiento comenzó a cargar el cohete de 98 metros (322 pies) con hidrógeno y oxígeno superfríos en el Centro Espacial Kennedy a última hora del mediodía. Más de 700.000 galones (2,6 millones de litros) tuvieron que fluir hacia los tanques y permanecer a bordo durante varias horas, imitando las etapas finales de una verdadera cuenta atrás.
Lo único que faltaba en el crítico ensayo general era el equipo. Los tres estadounidenses y un canadiense siguieron la acción desde casi 1.600 kilómetros de distancia, en Houston, donde está situado el Centro Espacial Johnson. Llevan 1 semana y media en cuarentena a la espera de los resultados de la cuenta atrás de los entrenamientos.
La operación de un día de duración determinará cuándo podrán despegar en el primer viaje lunar con tripulación en más de medio siglo.
Con dos días de retraso debido a una fuerte ola de frío, la NASA detuvo sus relojes de cuenta regresiva medio minuto antes de llegar a cero, justo antes de que se encendiera el motor. Los relojes comenzaron a correr el sábado por la noche, dando a los controladores de lanzamiento la oportunidad de realizar todos los movimientos y solucionar cualquier problema persistente con el cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial. Las fugas de hidrógeno mantuvieron el primer cohete SLS en la plataforma durante meses en 2022. Los responsables del lanzamiento dijeron que confiaban en que los problemas habían quedado atrás.
Si la demostración de abastecimiento de combustible va bien, la NASA podría lanzar al comandante Reid Wiseman y su tripulación a la Luna el domingo. El cohete debe estar volando antes del 11 de febrero o la misión será cancelada en marzo. La agencia espacial sólo dispone de unos pocos días al mes para lanzar el cohete, y el frío extremo ya ha acortado en dos días la ventana de lanzamiento de febrero.
La misión de casi 10 días enviará astronautas más allá de la Luna, alrededor de la misteriosa cara oculta y luego directamente de regreso a la Tierra, con el objetivo de probar el soporte vital de la cápsula y otros sistemas vitales. La tripulación no entrará en la órbita lunar ni intentará aterrizar.
La última vez que la NASA envió astronautas a la Luna fue durante el programa Apolo de las décadas de 1960 y 1970. El nuevo programa Artemis apunta a una presencia lunar más sostenida, con la tripulación de Wiseman preparando el escenario para futuros aterrizajes de otros astronautas en la Luna.
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