La industria automotriz apostó fuerte por los vehículos eléctricos, pero ahora esos ambiciosos objetivos se están desmoronando. La demanda ya se estaba desacelerando cuando Donald Trump asumió el cargo y atacó la política pro-VE: la eliminación del crédito fiscal federal para los VE, la reversión de la energía limpia y la eliminación de las normas sobre emisiones. Los aranceles también han pasado factura. Y ahora los fabricantes de automóviles estadounidenses y europeos están bañando sus inversiones en vehículos eléctricos, obligándolos a reajustar sus gamas de modelos. Los híbridos son la nueva apuesta y el futuro de los vehículos eléctricos parece más lejano que nunca, al menos para Estados Unidos. China sigue superando al resto del mundo en el desarrollo de vehículos eléctricos y está preparada para aprovechar ese futuro.

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