DENPASAR, Indonesia– Un tribunal de la isla turística indonesia de Bali condenó el lunes a tres ciudadanos australianos. disparo fatal En junio, un amigo suyo, ciudadano australiano, afirmó que había recibido pagos de un hombre no identificado.
Mevlüt Coşkun, Paea I Middlemore Tupou y Darcy Jenson fueron declarados culpables de disparar y matar a Zivan Radmanovic, de 32 años, de Melbourne. Un segundo hombre, Sanar Ghanim, de 34 años, recibió disparos y fue golpeado, pero sobrevivió al ataque.
En el Tribunal de Distrito de Denpasar, Coşkun, de 22 años, y Tupou, de 27, fueron condenados a 16 años de prisión cada uno, y Jenson, de 24 años, a 12 años de prisión. Coşkun y Tupou argumentaron que el ataque armado no fue intencional y ocurrió durante el caos de la noche.
Radmanovic estuvo en Bali con su hermana y el compañero de ésta, Ghanim, para celebrar el cumpleaños de su esposa Jazmyn Gourdeas. El médico forense determinó que Radmanovic sufrió tres heridas de bala y un traumatismo contundente.
Los fiscales dijeron que Jenson organizó el ataque y otros dos lo llevaron a cabo. Jenson fue capturado en el aeropuerto Soekarno Hatta de Yakarta en junio mientras intentaba salir del país. Coşkun y Tupou fueron arrestados en Singapur y Camboya con la ayuda de Interpol.
Durante el juicio, que comenzó en octubre, los tres hombres dijeron que les ofrecieron dinero para ir a Bali e intimidar a Ghanim para que pagara su deuda. Dijeron que la oferta provino de un hombre australiano a quien se negaron a identificar por temor a la seguridad de su familia.
Los investigadores testificaron que el grupo recibió instrucciones de un “señor”. El tribunal aceptó que los hombres actuaron a cambio del “pago prometido”.
Los fiscales habían pedido al tribunal que condenara a Coşkun y Tupou a 18 años de prisión y a Jenson a 17 años de prisión.
El panel de tres jueces dijo que los acusados causaron un “trauma profundo” a las familias de las dos víctimas, mientras que el juez principal Wayan Suarta señaló que los acusados no tenían antecedentes penales y cooperaron durante toda la investigación y el juicio.
“Aún son jóvenes y tienen la oportunidad de superarse en el futuro”, afirmó, subrayando que el castigo “no pretende ser una venganza, ni degradar su dignidad, sino una medida preventiva para que hechos similares no vuelvan a ocurrir”.
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Niniek Karmini en Yakarta, Indonesia, contribuyó a este informe.














