Gran parte del discurso sobre el hidrógeno durante la última década ha sido ambicioso: visiones de una economía limpia del hidrógeno, una profunda descarbonización de la industria y el transporte, y sistemas energéticos futuristas construidos en torno a la electrólisis. En muchos de mis artículos anteriores sobre OilPrice, advertí que el hidrógeno estaba entrando en una “fase de realidad”, donde la exageración debe dar paso a la ejecución, la economía y la escala. Ahora estamos empezando a ver proyectos reales que cruzan el umbral y la balanza está cambiando. Pero el camino a seguir es frágil: la ejecución, la alineación de las políticas y la demanda del mercado deben ponerse al día, o el impulso se estancará.
De la ambición a la acción
La Brújula Global del Hidrógeno 2025 del Hydrogen Council muestra cómo será esta próxima fase. Actualmente hay más de 500 proyectos comprometidos (es decir, en el momento de la decisión final de inversión, en construcción o ya en funcionamiento), respaldados por aproximadamente 110 mil millones de dólares en inversiones. Eso supone un aumento de unos 35.000 millones de dólares en un año. Eso no es sólo ambición, es movimiento de capital. Asimismo, los compromisos de capacidad superan ahora los 6 millones de toneladas por año. Eso significa que, por primera vez, el hidrógeno está pasando de ser una promesa a ser un sector tangible e invertible.
La Revisión Global del Hidrógeno de la Agencia Internacional de Energía refuerza este cambio y señala que, si bien la demanda de hidrógeno en 2023 alcanzó unos 97 millones de toneladas a nivel mundial, el hidrógeno de bajas emisiones (verde o azul) sigue siendo una pequeña parte del total. Sin embargo, los proyectos que adoptan FID hoy podrían quintuplicar la producción de hidrógeno de bajas emisiones para 2030, de menos de 1 millón de toneladas a más de 4 millones de toneladas. La capacidad instalada de electrolizadores entre los proyectos comprometidos ya ha superado los 20 GW, frente a poco más de 1 GW no hace mucho.
Estas cifras nos dicen lo que los expertos ya intuyen: el campo del hidrógeno está entrando en una nueva etapa. La primera ola de proyectos más limpios se está construyendo ahora; la pregunta es si esta ola romperá o alcanzará su punto máximo.
Desafíos y líneas de falla
Pero no nos equivoquemos, esta fase es delicada. Muchos proyectos todavía existen sólo en papel; muchos más esperan aprobaciones regulatorias y de permisos, conexiones a la red y acuerdos de compromiso de compra. La AIE recortó recientemente sus perspectivas para 2030 para el hidrógeno de bajas emisiones en casi un 25 % debido a cancelaciones de proyectos, presiones de costos e incertidumbre política.
Eso significa que incluso cuando la capacidad que ya está en construcción o comprometida crece con fuerza, la ambición más amplia se ve amenazada por el desgaste.
Los costos siguen siendo una barrera importante, especialmente para los electrolizadores y la naturaleza variable del suministro de electricidad renovable. Las limitaciones de la cadena de suministro, los costos de materiales y los desafíos de la fuerza laboral han afectado con fuerza. Y la política del lado de la demanda todavía se está poniendo al día; el hidrógeno rara vez es obligatorio o recompensado por la regulación en muchos mercados.
En resumen: la ampliación está en marcha, pero es desigual y frágil. La fase de “prueba de la realidad” ya ha llegado por completo.
El imperativo estratégico del hidrógeno
Precisamente por eso ni la industria ni los responsables políticos pueden permitirse el lujo de tratar el hidrógeno como un proyecto paralelo. Los próximos años son decisivos. Si el capital se estanca, los proyectos fracasan o las políticas tambalean, el hidrógeno puede volver a ser la tecnología de sueños lejanos, no de sistemas energéticos a corto plazo.
Para aquellos que siguen mis artículos anteriores: este es exactamente el momento que predije cuando describí que el hidrógeno entraba en una “inflexión de la realidad”, donde sólo la seriedad, la disciplina y la coordinación evitarán que regrese a la exageración.
Consideremos la otra cara de la moneda: si el hidrógeno tiene éxito, se convertirá en la columna vertebral de los sistemas energéticos bajos en carbono, especialmente en la industria pesada, el transporte de larga distancia y el almacenamiento al que las baterías no pueden llegar. Los primeros en actuar no sólo obtienen retornos sino también liderazgo industrial, propiedad intelectual y dominio de la cadena de suministro.
¿Qué se debe hacer?
Los gobiernos deben ir más allá de los marcos y la retórica. Necesitan comprometerse con mecanismos de demanda claros, aceptación obligatoria, contratos por diferencia y cuotas, que den certidumbre a los desarrolladores. La inestabilidad política es el enemigo mortal del hidrógeno en este momento.
Al mismo tiempo, la coordinación es esencial: la planificación de la red, la infraestructura transfronteriza, las redes de transporte y almacenamiento de hidrógeno y las normas armonizadas desbloquearán la escala.
La industria también debe dar un paso al frente. Debe cumplir, no sólo prometer. Los proyectos que lleguen a FID, se conecten con los mercados y demuestren su rentabilidad generarán confianza. Las propuestas débiles abandonarán, y eso es saludable. Pero un abandono excesivo erosionaría el apetito de los inversores por la próxima ola.
Y en materia de financiación, los modelos combinados seguirán siendo cruciales. Se debe eliminar el riesgo del capital público y privado, con garantías, subsidios y coinversión para colmar las brechas en las primeras etapas. Muchos proyectos de hidrógeno todavía requieren un posicionamiento de acto de fe; los primeros en actuar necesitan apoyo.
Conclusión: la transición requiere pruebas, no ilusiones
El hidrógeno ya no es sólo una narrativa. Ahora es muy visiblemente un experimento de ingeniería e inversión, con intereses reales en juego. La primera ola de proyectos está pasando del concepto a la ejecución. Pero esta fase es decisiva. El oleoducto debe dar resultados, las políticas deben estabilizarse, el capital debe seguir el ejemplo y la demanda debe materializarse.
Si lo hacemos bien, el hidrógeno tiene el potencial de ser uno de los pilares de un futuro energético descarbonizado. Si nos equivocamos, corremos el riesgo de desperdiciar el impulso, volver al cinismo y retrasar caminos que tanto necesitamos.
He escrito antes que el hidrógeno tendría que sobrevivir a su prueba de realidad. Ese momento está aquí. Esperemos que la industria, los gobiernos y los mercados estén a la altura.
Por León Stille para Precio del petróleo.com
Más lecturas destacadas de Oilprice.com











