El 20 de enero de 2026, el tramo histórico del Túnel de Villanueva, también conocido como Túnel Bonaparte porque su construcción fue ordenada por el rey José I, hermano mayor de Napoleón Bonaparte, fue reabierto al público tras su restauración.

El túnel permitió al rey viajar desde los jardines del Palacio Real (actualmente Jardines del Campo del Morro) hasta la Casa de Vargas, un palacio más austero ubicado en la Casa de Campo, el coto de caza real. Bonaparte estaba obsesionado con la seguridad porque era consciente de la hostilidad que el pueblo español sentía hacia él, ante la insistencia de su hermano Napoleón en nombrarlo rey de España, en realidad un mero apéndice del emperador francés.

Madrid era un ambiente hostil, especialmente después de los abusos cometidos durante la ocupación francesa. Además, la actual guerra de bandas amenazaba su seguridad física. Así, encargó a su arquitecto Juan de Villanueva, diseñador del Museo del Prado, que creara una vía de escape en caso de que las cosas empeoraran.

El túnel fue excavado en 1810, un año antes de su muerte, y fue uno de sus últimos diseños. No fue tarea fácil: 50 metros bajo tierra, conectando los jardines del Campo del Moro y la Casa de Campo, y lo suficientemente ancho como para que pasara un carruaje tirado por caballos. Un puente sobre el río Manzanares completó el corto trayecto. José nunca lo utilizó durante su corto reinado, y el túnel fue puesto al servicio del nuevo rey Fernando VII, quien ordenó la construcción del Puente del Rey sobre el río Manzanares, completando así la conexión entre las residencias reales.

Posteriormente, los jardines del Campo del Moro fueron ajardinados durante el reinado de Isabel II y la Regente María Cristina de Habsburgo, aunque el proyecto sufrió modificaciones posteriores. A finales del siglo XIX, el arquitecto Enrique Rebules Segarra y el jardinero Ramón Oliva rediseñaron el túnel para darle un aspecto más natural, en armonía con el nuevo diseño del entorno.

El último uso práctico del túnel fue por parte del rey Alfonso XIII, quien lo utilizó como vía de escape en 1931 tras la declaración de la República.

La sección abierta y restaurada, con su mampostería y ladrillos, es una pequeña parte de un sistema complejo. También se ha instalado una pasarela para que los visitantes puedan explorar el túnel. Una vez finalizadas las obras del tramo gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, el túnel será totalmente accesible.



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