Rebeca Simón Ensayista y poeta emergente. ella es una autora Encontrar a Dios todos los días: 111 devocionales para mujeres que se curan a través de la fe y Ve, confía en Dios..
El dolor tiene una manera de convencerte de que te pertenece. Cuando la gente te lastimaCuando las palabras dejan su huella en tu corazón, cuando las pérdidas inmerecidas dejan una herida en tu esperanza, es fácil internalizar ese dolor como si fuera una prueba de quién eres. Pero lo que te pasó no fue tu culpa. Sí, fue importante. Sí, te formó, sin embargo, nunca tuvo la intención de definirte.
La curación es cómo recuperas tu historia. No eliges sanar porque el pasado estaba justificado, porque era fácil de llevar. Tú Elige la recuperación porque mereces un futuro libre de ese pasado.. Sanar es decir: “Esto me duele, pero no me marcará. Esto me duele, pero no me mantendrá roto”.
Dios nunca tuvo la intención de que vivieras con viejas heridas. Él no quiere que tu identidad esté ligada a la tristeza o la vergüenza. Su deseo para ti es la libertad. Él quiere que experimentes el tipo de paz que te permite reconocer el gozo cuando llega. Él quiere que experimentes el tipo de paz que te ayuda a recibir las bendiciones cuando llegan. Él quiere que experimentes el tipo de libertad que te anima a amar de nuevo, sin miedo, sin dudas. Esa libertad comienza cuando sueltas el control del pasado. Esa libertad comienza Cuando le dejaste llevar lo que tú no tenías que llevar.

El perdón es una parte muy importante de esta versión, no porque borra lo sucedido, sino porque se niega a dejar que el dolor tenga la última palabra. El perdón no justifica al malhechor; Protege tu alma del apego a ella. La curación te permite avanzar más ligero, más resistente y listo para lo bueno que aún te espera.
No puedes reescribir lo que te duele, pero puedes negarte a vivir como si te doliera. Tu futuro está en sus manos.. La curación no es una traición a tu dolor, sino un acto de fe en que Dios tiene más en esta vida de lo que te fue quitado. Y recuerde, todavía se promete la paz. Sana para que finalmente puedas ver todo lo que te llega. Sana, para que finalmente puedas ser libre.
Oh Dios, llevaste en mi corazón un dolor que nunca pedí. A veces me sentía más pesado de lo que podía soportar con mi esperanza. No quiero quedarme apegado a lo que me duele. Enséñame a perdonar sin rechazar. Enséñame a soltar sin olvidar la lección.. Enséñame a confiar en que Tú me conduces hacia la libertad. Gracias por recordarme que la recuperación no es opcional. Gracias por recordarme que puedo entrar con seguridad. Amén.
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