La verdadera barrera es la percepción.
En mi experiencia trabajando con instituciones culturales, el mayor desafío que enfrentan los teatros de ópera y las compañías de ballet es la percepción. Mucha gente piensa: “Esto no es para mí”. Lo imaginan como elitista, caro o aterrador. Les preocupa qué ponerse o no saber cuándo aplaudir. O piensan que pertenece a otra época. Sin embargo, cuando llevas a alguien a la ópera por primera vez, la reacción casi siempre es la misma: “Guau”.
El tamaño, la belleza y la artesanía son abrumadores en el mejor de los casos. La barrera nunca fue la experiencia misma. Fue ignorancia de cómo podría ser esa experiencia.
Esta distinción es importante. La ópera y el ballet deben seguir siendo absolutamente excepcionales, ya que son formas de arte que requieren niveles asombrosos de habilidad, disciplina y creatividad. Lo extraordinario es bueno, lo inaccesible no. Muchas organizaciones todavía confunden los dos.
Mirar fuera del sector
Uno de los mayores errores que cometen las instituciones culturales es creer que sus competidores son otros teatros. Sus verdaderos competidores son Netflix, Spotify, Instagram: toda la economía de la atención. Hoy en día la gente elige cómo pasar la velada, no sólo a qué lugar cultural asistirá.
Si las óperas quieren competir en ese entorno, tendrán que buscar inspiración fuera de su propio sector. Las marcas de moda, las empresas de ropa deportiva y las plataformas de entretenimiento se han vuelto expertas en construir mundos de marca inmersivos. No sólo venden un producto, sino que crean un mundo en el que la gente quiere participar.
Los teatros de ópera y las compañías de ballet ya tienen algo mucho más rico que la mayoría de las marcas: siglos de historia, una artesanía increíble y una narración poderosa. Rara vez activan el capital cultural de maneras que parezcan contemporáneas.
La respuesta definitivamente no es una estafa. Un teatro de ópera intentó llegar al público más joven organizando una gran fiesta tecno en la sala principal. Estaba lleno y todos se estaban divirtiendo, pero ninguna de estas personas volvió a ver la ópera. Fueron a una fiesta en un edificio maravilloso, no para descubrir la ópera. Si quieres que la gente se involucre con esta forma de arte, debes traerla a su mundo.













