Como psiquiatra, a menudo me encuentro confrontando no sólo los síntomas de la enfermedad mental, sino también las profundas cicatrices que deja el estigma. Incluso en 2025, a pesar de los avances en neurociencia y un creciente enfoque cultural en la salud mental, el estigma seguirá siendo una de las mayores barreras para la recuperación. Esto se manifiesta en silencio, vergüenza e incomprensión, y afecta a los pacientes, a sus familias e incluso a quienes trabajan en la profesión psiquiátrica. Por tanto, abordar el estigma no es sólo nuestro deber moral, sino una parte esencial de la propia atención psicológica.
El estigma opera en múltiples niveles interconectados
En su forma más personal, el estigma se interioriza. Muchos de mis pacientes expresan sentimientos de culpa o culpabilidad por su condición y ven la depresión o la ansiedad como fallas personales en lugar de enfermedades tratables. Este autoestigma conduce a evitar la atención, al aislamiento y a retrasar la recuperación. He visto a personas esperar años antes de buscar ayuda porque temen ser etiquetadas como “locas” o “débiles”. Esta batalla interna suele ser más debilitante que los síntomas mismos.
A nivel social, el estigma público sigue dando forma a las percepciones sobre las enfermedades mentales. Aunque los movimientos de concientización, como el Bell Let’s Talk Day, han mejorado el diálogo sobre temas como la depresión y la ansiedad, las enfermedades graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, siguen siendo en gran medida incomprendidas. Los medios de comunicación a menudo perpetúan los estereotipos al presentar a las personas con enfermedades mentales como peligrosas o inestables, promoviendo el miedo en lugar de la empatía. Estas imágenes no sólo perjudican a quienes viven en estas condiciones, sino que también contribuyen a la exclusión social, el desempleo y la discriminación.
Estigma estructural en la atención sanitaria
Al mismo tiempo, el estigma estructural se ha arraigado en las instituciones que tienen como objetivo brindar atención. Los servicios de salud mental suelen recibir menos financiación que otros departamentos médicos. Las listas de espera para tratamiento o atención hospitalaria pueden extenderse durante meses. Como psiquiatra, puede resultar frustrante ver que la recuperación de los pacientes se ve obstaculizada no por la falta de opciones de tratamiento, sino por la negligencia sistémica y la devaluación de la salud mental.
Cada paciente que cruza la puerta de un psiquiatra no sólo está luchando contra los síntomas, sino que se enfrenta a una sociedad que a menudo malinterpreta su lucha.
El estigma también existe dentro de la propia medicina. Algunos profesionales médicos han considerado durante mucho tiempo que la psiquiatría es menos “científica” que otras especialidades. Durante mi formación, recuerdo haber oído a uno de mis colegas referirse a la psiquiatría como “medicina blanda”. Estas actitudes restan importancia a la salud mental y desalientan a los aspirantes a médicos a ingresar en este campo. Irónicamente, la psiquiatría es una de las pocas ramas de la medicina que integra plenamente la biología, la psicología y el contexto social, los mismos principios que definen la atención sanitaria integral.
Reducir el estigma requiere acción
Reducir el estigma requiere acción en múltiples niveles:
- Nivel sistémico: Las organizaciones de atención médica deben priorizar la paridad en la salud mental, garantizando que las enfermedades mentales reciban la misma financiación y el mismo respeto que las enfermedades físicas.
- Programas educativos: Los esfuerzos deben comenzar temprano para normalizar los debates sobre salud mental en las escuelas y comunidades.
- Educación médica: La psiquiatría no debe presentarse como una especialidad alternativa, sino más bien como un campo vibrante e intelectualmente riguroso que se encuentra en la intersección de la neurociencia y la experiencia humana.
- Nivel personal: Los psiquiatras pueden desafiar el estigma a través de una comunicación y un lenguaje compasivos. Utilizar un lenguaje centrado en la persona, la frase “persona esquizofrénica” en lugar de “esquizofrénico”, ayuda a humanizar al paciente y a cambiar el enfoque del diagnóstico a la identidad.
La promoción también desempeña un papel crucial en la reducción del estigma.
Restaurando la esperanza
El estigma en psiquiatría sigue siendo un obstáculo, pero no insuperable. Cada encuentro con un paciente brinda la oportunidad de reemplazar el juicio por la comprensión y el silencio por el diálogo. Mi trabajo como psiquiatra me recuerda constantemente que la curación va más allá de la medicación y la terapia; También implica reconstruir la dignidad y la pertenencia. Como me dijo una vez una paciente cerca del final de su tratamiento: “No sólo mejoré gracias a la medicación, sino que mejoré porque dejé de sentirme avergonzada”.
La psiquiatría, en esencia, trata de restaurar la esperanza. Al abordar el estigma, dentro de nosotros mismos, nuestra profesión y nuestra sociedad, nos acercamos un paso más a un mundo donde las enfermedades mentales no se enfrentan con miedo, sino con compasión, respeto y cuidado.
Devina Maya Wadhwa Él es psiquiatra.














