Encontrar la paz comienza con entregar nuestras preocupaciones al universo y confiar en que la guía de Dios nos encontrará en medio de nuestra incertidumbre. Autor más vendido Encuentra a Dios todos los días.Rebecca Simon nos recuerda que debemos confiar en los tiempos de Dios, ser pacientes y depender de Su presencia en cada etapa de la vida.
Cuando el futuro parezca confuso, recuerda que no irás solo a ninguna parte. Dios ya ha ido delante de ti. Cada lugar al que temes entrar, cada conversación que te pone nervioso tener, cada resultado que no puedes predecir, nada de eso le es ajeno. No es necesario ver el camino completo. Simplemente confía en la persona que ya ve hacia dónde te lleva.
Libera la presión hasta que ya esté todo descubierto. No estás detrás. No llegas tarde. No te pierdas lo que es para ti. El crecimiento que ocurre dentro de ti requiere exactamente dónde te encuentras hoy. No necesitarás forzar las puertas adecuadas. El buen momento no se sentirá apresurado. Lo que está destinado a ti te traerá paz, no ansiedad.

Cuando te sientas ansioso por el futuro, respira y recuerda: nada de lo que tienes por delante es desconocido para Dios. Lugares en los que temes entrar, él ya estuvo allí. Las conversaciones que tanto ansiaba tener se han suavizado. Los resultados no se pueden predecir, él ya los ha preparado. No necesitas conocer el camino completo para dar el siguiente paso, sólo necesitas confiar en la persona que ve más allá que tú.
Así que libera la presión hasta que todo esté resuelto. Deshazte de la idea de que llegas tarde o te falta algo. Estás exactamente donde debes estar para el crecimiento que está sucediendo dentro de ti. Las puertas adecuadas no requerirán fuerza; Se abrirán de forma segura. El momento adecuado no le hará sentir apurado; Sentirás la alineación. Y las bendiciones adecuadas nunca llegarán a expensas de tu alma.

Cuando el futuro se sienta pesado, confíe en esta verdad: Dios no se perderá lo que tiene reservado para usted. No por casualidad, ni por el momento oportuno, ni por miedo. Eres conducido incluso hacia lo desconocido. Estás retenido, incluso mientras esperas. Y lo que nos espera no es algo de qué preocuparse: es algo a lo que hay que darle forma con su nombre.

















