Las muertes de estadounidenses determinarán el coste político de los ataques de Donald Trump a Irán | Noticias del mundo

El primer ataúd envuelto en la bandera estadounidense que llegue a casa aterrizará con más fuerza que cualquier misil iraní.

Para el presidente Donald Trump, la pérdida de personal militar estadounidense rediseña el campo de batalla político en el país.

Trump se considera desde hace mucho tiempo un presidente que comprende el costo humano de la guerra.

Se burló de las “guerras interminables” y prometió que la sangre estadounidense ya no se derramaría en desiertos lejanos.


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Pero su retórica de campaña se topó con una dura realidad cuando regresó a la Casa Blanca.

En el momento en que se confirmaron las bajas estadounidenses el domingo, la guerra con Irán dejó de ser una abstracción.

En el ataque a la base estadounidense en Kuwait murieron tres personas y cinco resultaron gravemente heridas.

Las muertes en Washington y su advertencia de que podrían pasar más cosas han polarizado aún más la política.

Sus partidarios apoyaron a Trump y argumentaron que dar marcha atrás ahora deshonraría a los mártires.

Mientras tanto, los críticos citaron las pérdidas como prueba de la imprudencia del presidente.

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El medio, en su mayoría silencioso pero decidido, formuló la pregunta crítica: ¿Por qué morimos?

La escalada corre el riesgo de convertirlo en el tipo de presidente de guerra en Medio Oriente que su base rechaza.

Incluso si está justificado por motivos estratégicos, el cambio de sentido se pondrá a prueba en las elecciones de mitad de período de este año.

La historia muestra que los presidentes no pierden apoyo sólo porque los estadounidenses mueren en el campo de batalla.

Pierden este sentimiento cuando las muertes parecen sin sentido, interminables o no explicadas adecuadamente por el comandante en jefe.

En su discurso final a la nación, preparó a los estadounidenses para una guerra más larga y más bajas.

La velocidad de su propagación al Medio Oriente será otra preocupación.

Cuanto más dura, más víctimas hay y cuanto más se extiende, más difícil se vuelve la diplomacia.

Al final, los estadounidenses que pierdan la guerra con Irán enfrentarán a Trump con una paradoja de liderazgo.

El poder nunca es más absoluto que en la guerra, pero tampoco es más frágil.

Los misiles pueden dar forma a los conflictos en el extranjero, pero son el duelo y los recuerdos los que determinan su costo político.

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