Gracias por los días difíciles.Por la pesadez en mi pecho, por el caos del jardín, por las olas rocosas mientras navego. Gracias por las noches que no puedo dormir porque la tormenta no amaina. Gracias por las lágrimas abundantes, porque no me hiciste entender el porqué de esto. Gracias por permitirme seguir tu proceso, y por purificarme tan dolorosamente a través del fuego. Gracias por hacerme darme cuenta de lo diferente que es tu cara cuando sufro y no soy feliz.
Gracias por la oscuridad – Por estrellas perdidas, por puertas cerradas, por rechazo, por finales. Gracias por decirme que no era para mí antes de que fuera demasiado tarde. Gracias por dejarme llorar de decepción. Gracias por salvarme antes de que el edificio se derrumbe. Gracias a la gente que pensaba que no era lo suficientemente bueno, porque eso significaba que era para alguien más, para otra cosa, para otro lugar. Gracias por dejarme tropezar mientras perseguía cosas que sabes que no estaban hechas para que mis manos las toquen o mi corazón ame, y fue entonces cuando me di cuenta de que no todo rechazo tiene que ser doloroso, no todas las batallas tienen que ganarse y que no todo lo que perseguimos es bueno para nosotros.
gracias por sufrir – Por las noches que pido “Stop”, por los días que canto “Enough”, los momentos de total quebrantamiento y entrega. Gracias por hacerme darme cuenta de lo bajo que he caído. Que necesitado e incompleto estoy sin ti. Gracias por la repetición y el trabajo detrás y entre las canciones. Gracias Señor por permitirme permanecer inmerso en mi quebrantamiento, porque entonces nos damos cuenta de que no puedo arreglarmeQue no puedo arreglar mis cicatrices ni secar mis lágrimas. Entonces me di cuenta de que todavía estabas comprobando, retocando, moviéndose y trabajando hasta que viste lo que imaginaste para mí.
gracias por los turnos – Por el deambular que provocó la confusión, por la confusión que provocó la inseguridad, por la inseguridad que hizo que mis rodillas cayeran al suelo. Porque me hiciste darme cuenta de que no hay nada malo en abrir los brazos y llorar. “Dios me guíe”. Gracias por saber mejor que yo y saber cuándo es el momento de irse o quedarse. Esperar o trabajar. Para correr o caminar. Lo sabes todo.
Gracias por las vulnerabilidades. -Por darme más de lo que puedo soportar, por no quitarme las espinas, por mostrar mis demonios y por señalarme de nuevo en el espejo. Gracias por hacerme ver quién soy realmente sin ti, lo miserable e indefenso que soy. Gracias por hacerme darme cuenta de cuán verdaderamente perfecta es tu fuerza en mi debilidad. Porque me mostraste cuánto necesitaba que vinieras y hicieras el resto.
Gracias por la dolorosa verdad. – Para anular todas las mentiras que queremos escuchar, para abrir los ojos que tanto queremos cerrar. Gracias por iluminar las habitaciones más oscuras. Porque es un recordatorio de que somos la luz del mundo y esta no es una cita más para citar, sino una declaración que debe tener impacto y conmover corazones. La gente se mueve. nos mudamos. En el trabajo.
Gracias por los días difíciles. – Usarlo para recordarme que eres un Dios insondable, un Dios que nos ofrece más y quiere que lo conozcamos mejor. Descúbrelo más profundamente, bajo una nueva luz, a través de experiencias y luchas.
Gracias por hacerme darme cuenta Que no fui enterrado aquí sino plantado en este mismo lugar de dolor y malestar. Justo en esta zona de máxima impotencia. Justo en esta zona de la humanidad. Y para recordarme que debo crecer aquí, que debo prosperar y ser bendecido durante toda mi vida.
Gracias por los días malos, Dios. Porque los días malos hicieron que todos los días buenos valieran la pena. Porque marcó una gran diferencia e hizo que la alegría fuera más especial y la paz más importante.
Así que gracias.

















