Estoy obsesionado con la hospitalidad porque abarca muchas cosas (nuevas ideas, nuevos mercados, detalles y diseño) pero, sobre todo, por el factor humano: comprender lo que los huéspedes realmente quieren y responder a ello con gracia.
Hay varias tendencias que estoy siguiendo ahora. El movimiento se acelera de amplitud a profundidad: muchos huéspedes llevan mucho tiempo inmersos en los códigos habituales del lujo y han salido del otro extremo en busca de estancias arraigadas en experiencias sensoriales en lugar de señales obsoletas de ego y riqueza.
Otra tendencia importante es el símbolo de estatus emergente de ser completamente inaccesible y no vinculado a WhatsApp. También veo el papel que puede desempeñar la hospitalidad como tejido conectivo de una sociedad que se dirige hacia la soledad y el aislamiento: un salón agradable, un bar bien diseñado y un hotel cuidadosamente administrado que actúan como un arrecife para encuentros interesantes. La reciente referencia de Emily Sandberg a la “socialización suave” resuena aquí: co

















