En Trelleborg, la ciudad portuaria más meridional de Suecia, una sección del infame Muro de Berlín se alza tranquilamente frente al museo de la ciudad. La placa mide aproximadamente 13 pies por 3 pies (4 por 1 metro) y está protegida por plexiglás que conserva su escritura original, un mensaje en negrita que dice “Salva nuestra Tierra ahora”.
La pieza mural fue un regalo a la ciudad en 1995 gracias a los esfuerzos de dos hermanos alemanes, Dorian y Carsten Breedlau. Cuando eran niños, pasaron cuatro veranos en Suecia a través del Programa de Ayuda Infantil de Berlín, una iniciativa humanitaria que ofrece a los jóvenes berlineses de la posguerra la oportunidad de quedarse con familias anfitrionas suecas. Al llegar en ferry desde el norte de Alemania, Trelleborg fue la primera parte de Suecia que vieron, lo que le dio a la donación una resonancia profundamente personal.
A pesar de su importancia histórica, muchos lugareños pasan junto a la placa de hormigón sin darse cuenta de su origen. Hay una modesta placa que simplemente dice: “Un regalo de los niños de Berlín a la Sociedad de Ayuda a la Infancia de Berlín en 1995”. Los informes de la radio local indicaron lo sorprendidos que quedaron los residentes cuando supieron la verdad. A diferencia de la mayoría de los restos de muros que se exhiben en todo el mundo, éste permanece prácticamente sin marcar y, por lo tanto, sirve como una reliquia de la Guerra Fría oculta a plena vista.















